La relación entre la producción de biocarbón y la ciencia nuclear no se encuentra en el proceso físico de fabricación, sino en la evaluación, verificación y optimización de su efectividad mediante el uso de tecnología avanzada.
Aunque el proceso técnico para generar el biocarbón es la pirólisis (quemar los residuos a altas temperaturas en ausencia de oxígeno), la ciencia nuclear es la herramienta que permite a los científicos confirmar que este material realmente cumple su función ambiental.
1. El uso de técnicas isotópicas
Para estar seguros de que el biocarbón funciona como se espera, los investigadores emplean técnicas isotópicas, que consisten en el uso de átomos con características específicas para rastrear sustancias en el medio ambiente.
- Carbono 14 (14C): Los científicos marcan los plaguicidas con este isótopo radiactivo para seguir su comportamiento en suelos mezclados con biocarbón. Esto permite comprobar con total certeza si el biocarbón realmente retiene los químicos y evita que se filtren hacia las aguas subterráneas.
- Nitrógeno 15 (15N): Se utiliza este isótopo estable en los fertilizantes para rastrear con precisión qué cantidad de nitrógeno es absorbida por la planta y cuánta se pierde en el entorno como gas de efecto invernadero. Esta información es vital para optimizar el uso de abonos y reducir la contaminación.
2. Generación de datos fiables
Gracias a estas aplicaciones nucleares, los responsables de la formulación de políticas en Costa Rica cuentan con datos científicos fiables para tomar decisiones fundamentadas sobre la gestión del carbono y el uso de agroquímicos en el sector de la piña.
3. Apoyo internacional
Este vínculo entre el biocarbón y la tecnología nuclear ha sido impulsado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la FAO, quienes brindan el apoyo técnico y la capacitación necesaria para que países como Costa Rica adopten estas prácticas agrícolas más ecológicas y sostenibles.
